martes, 20 de octubre de 2015

LA INFLUENCIA DE LA CIENCIA FICCION EN EL MUNDO ACTUAL Por Ricardo Cica



Quizás debido en parte al ritmo de vida vertiginoso que llevamos a diario, no somos conscientes de la gran influencia que tuvo (y aun sigue teniendo) el género de la ciencia ficción en el mundo actual.
Ya sea por la literatura, el cine o la radio este universo abrió nuevos horizontes en campos de estudio tan variados que va desde la tecnología moderna hasta la física, desde la paleontología a la sociología, y de la política hasta la astronomía. Ambos campos, la ciencia ficción y estas diferentes disciplinas, (conscientemente o no) se influenciaron mutuamente: las nuevas ideas de la ficción abrían nuevos horizontes posibles en las diferentes áreas de estudios, y los científicos tomaban estos conceptos buscando su comprobación empírica siendo estos nuevamente retomados por los escritores del genero para llevarlos a su vez un paso mas hacia adelante.   
 
  Es en el área de la tecnología donde la ciencia ficción mostró su mayor influencia: celulares inteligentes (smartphones), Internet, ciberespacio, inteligencia artificial, etc.…son solo algunos de los ejemplos que hoy nos resultan muy familiares y cotidianos, donde nos parecería  impensable vivir sin ellos. Todo gestado en un lapso de tiempo histórico muy breve. Basta recordar solamente películas como “Terminator” en la década de los 80 hasta la reciente “Los vengadores: La Era de Ultron” donde la inteligencia artificial y la robótica son el tema central.
    También en el campo de la física cuántica y la astronomía la ciencia ficción se interrelacionó con la ciencia ficción. Conceptos como “agujeros de gusanos” “agujeros negros” “viajes en el tiempo”,”mundos y dimensiones paralelos”, etc.….son términos que hoy manejan comúnmente los científicos (Albert Einstein ya los trataba entre sus temas) y que aparecen en películas como “La máquina del tiempo”, “Volver a futuro”, “Coraline y la puerta secreta”, “Thor”, etc.…todo esto entrelazado con el tema de la vida extraterrestre, este cada vez mas aceptado en el mundo científico.
    Aún en disciplinas como la paleontología y la genética recibieron un tremendo impulso gracias a películas como la saga de “Jurassic Park”, influyendo también en toda una nueva generación de jóvenes paleontólogos y genetistas, y sobre todo poniendo en discusión el uso correcto de la ingeniería genética.
    Y aunque parezca sorprendente también la política y los nacionalismos reflotaron gracias a las películas de ciencia ficción: el ejemplo más claro fue el impresionante impacto que tuvo el film “Highlander” en el resurgimiento de la identidad cultural y política escocesa diferenciada del resto de Gran Bretaña, aumentando el numero de partidarios por la independencia nacional de este país donde el actor Sean Connery es el más claro exponente (vale aclarar que la otra película que acentuó este suceso político nacional escocés fue Braveheart de Mel Gibson).
    Aún films como “Titanic” (aunque no pertenezca propiamente a la ciencia ficción) dieron un impulso tremendo a la arqueología submarina por ejemplo.
    Pero lo central y la profundidad de todo esto, radica en poder ver la gran paradoja de encontrarnos a nosotros: al tocar temas como la inteligencia artificial, vida extraterrestre, el uso de la genética, la identidad cultural entre lo mío y el otro, lo que en realidad estemos haciendo es exponer entre líneas nuestros miedos mas profundos, nuestras dudas y temores, nuestros valores individuales y sociales, manejando conceptos como la vida y la muerte, el bien y el mal, los limites entre lo permitido y lo prohibido, caminando sobre el fino limite entre lo que queremos hacer y lo que debemos hacer.
    Preguntas tales como ¿Quién soy en realidad? ¿De donde vengo?¿A donde voy?¿Cuál es el sentido de esta vida?... Son el basamento que subyace en todo este género de la ciencia ficción....¿Preguntas actuales?....Sí y No… preguntas eternas que hacen a nuestra condición humana…desde Mary Shelley con su novela Frankestein hasta hoy.

Ricardo Guillermo Cica nació en 1966 en Remedios de Escalada, Lanús. Cursó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras, perteneciente a la Universidad de Buenos Aires, en la Carrera de Ciencias Antropológicas. Su interés reside principalmente en la Antropología Simbólica, en la Filosofía y las Religiones Comparadas, y la Historia, centrando su análisis en áreas diversas como la filosofía, la mitología y las ya mencionadas religiones comparadas e Historia.

miércoles, 7 de octubre de 2015

EL SUPERECLIPSE DE LUNA

EL SUPERECLIPSE DE LUNA DEL DOMINGO RECIBIÓ UNA

ATENCIÓN MASIVA POR PARTE DEL PÚBLICO


El domingo fuimos testigos de un fenómeno inusual y maravilloso: Un eclipse total de luna, que nos brindó un espectáculo atípico ya que coincidió con el punto de órbita más cercano de nuestro satélite a la Tierra. El suceso recibió una enorme publicidad y pudo ser visto en todo el país y el resto del continente. Para miles de personas anhelantes de contemplar el genial espectáculo, fue posible apreciar el satélite teñido de un sangriento color rojizo que ostentó un brillo muy intenso.
    Estos espectáculos cada vez concitan más atención y emoción en el público. Por ejemplo en el Planetario de Buenos Aires y otros puntos en el interior del país de singular belleza como La Rioja o Salta, pusieron a disposición del público numerosos telescopios. El Planetario de la Ciudad de Buenos Aires es un clásico que siempre acompaña con estos sucesos hermosos de la naturaleza convocando a la gente. Esta vez el convocante Planetario presentó una pantalla gigante al son de música.
    La gente respondió en forma masiva, familias enteras se acercaron este domingo pasado a la noche a avenida Sarmiento y avenida Figueroa Alcorta, en la ciudad de Buenos Aires, para contemplar con gran curiosidad el fenómeno. Hemos visto allí a algunos conspicuos autores de ciencia ficción argentina.
    Es cierto que habrá un próximo eclipse de luna que se podrá ver en la Argentina el 27 de julio de 2018, pero un espectáculo como éste, con la llamada "superluna", por su proximidad a la Tierra, se repetirá recién en 2033. El último de este tipo, recordemos, había sido en el año 1982 y a lo largo de un siglo se produjeron solamente cinco.
    El evento astronómico comenzó pasadas las 21 del domingo 27 de septiembre: el eclipse arrancó con el ingreso de la luna en la penumbra de la Tierra. Se lo pudo observar a las 22:07 hs., cuando se ubicó "a casi 40 grados de altura sobre el horizonte noreste" introduciéndose en lo que los astrónomos llaman la "umbra", que es la "parte central del cono de sombra terrestre.

  De a poco el espectáculo se desarrolló casi cinematográficamente:  la Tierra fue cubriendo el disco lunar que fue oscureciéndose lentamente, hasta que a las 23:11 hs. la luna quedó totalmente  sumergida en la umbra terrestre y se produjo la totalidad del eclipse, que la gente festejó hasta con aplausos y exclamaciones de emoción. Luego a las 23:47, el satélite quedó iluminado por un débil tono rojizo que parecía pintado con acuarela, un fenómeno provocado por la refracción de luz solar  propiamente causado por la atmósfera terrestre.
    Finalmente A las 00:23 hs. Pudimos comenzar a observar la claridad nuevamente en la Luna, que de a poco fue retomando su color habitual hasta completarse a la hora 01::27 para nuestros ojos y fue definitivo por medios mecánicos a las 2:22 de la madrugada. La gente lo vivió en forma entusiasta y un número tan grande como 10.000 personas se convocaron en el Planetario solamente, lo que demuestra las ganas del público por estos temas. Lo mismo se repitió en el interior en todas las provincias. Asimismo, en diversos clubes dedicados a la Ciencia Ficción y la Astronomía, como el Club Galáctico de Remedios de Escalada, el Club de Astronomía de Valentín Alsina de la Biblioteca Sarmiento o en la Asociación Argentina Amigos de la Astronomía se convocó a sus asociados y concurrentes para presenciar el fenómeno rojizo de la luna.

martes, 29 de septiembre de 2015

AGUA EN MARTE Por Raúl Queen


La noticia estalló en todos los medios y nos despertamos con grandes titulares en la TV, la radio y por supuesto en los diarios de todo el mundo.  Los científicos afirman que  Marte podría tener verdaderos océanos de agua bajo tierra. Según ellos dicen, los volcanes inundaron Marte de agua. El sueño de Percival Lowell, Edgar Rice Borroughs y otros pioneros, hoy por más increíble que suene, parece ser realidad, como ha pasado tantas otras veces con las predicciones de la Ciencia Ficción.
    El descubrimiento de nuestros hombres de ciencia es elusivo: sugiere que antiguas erupciones volcánicas pudieron haber llenado Marte de agua, creando así un hábitat favorable para la vida tal cual la conocemos. ¿Pero cómo llegamos a esta instancia?
    Bien, al parecer, los meteoritos de Marte contienen asombrosas cantidades de minerales hidratados, y que incorporan agua en sus estructuras cristalinas.
    Este estudio realizado es lo que está causando tanta conmoción. Según sus autores se calcula que Marte posee un manto que contiene entre 70 y 300 partes por millón de agua, y esta cantidad es más que suficiente para cubrir al planeta rojo de líquido entre 200 y 1.000 metros.
 
  El director  de este importante estudio se llama Francis McCubbin, de la Universidad de Nuevo México, Albuquerque, y afirma rotundamente: “Estamos hablando de incluso más agua de la que contiene el manto superior de la Tierra”. Las implicancias de esto son evidentes, porque si todavía hay agua en el manto marciano, significa que hay muchas probabilidades de que hubo mucho agua en su interior cuando se formó el planeta.
    McCubbin fue más allá y explicó que “Después de todo, no debemos depender de fuentes de agua como cometas o asteroides”. La pregunta que surge de esto sería: si esto fuese así, es altamente probable que suceda lo mismo con otros planetas rocosos, como por ejemplo Venus, Mercurio o la Tierra, e inclusive algunos asteroides de tamaño grande. Cuando a McCubbin le preguntaron acerca del agua, añadió: “La Tierra no es única, así que deberíamos encontrar agua en casi todo el Sistema Solar”. Sorprendentes afirmaciones que son las que generan toda esta discusión en los medios, siendo tapa de todos los diarios del mundo.

    Tal como dijimos, el equipo de McCubbin halló agua al analizar pacientemente los meteoritos que llegaron a la Tierra expulsados de Marte debido a impactos de los asteroides, un trabajo arduo pero que rindió sus frutos: estos meteoritos contienen basalto. ¿Qué significa? Que debieron haberse formado a partir de magmas profundos que alcanzaron la superficie después de erupciones volcánicas.
    Los científicos se pusieron a examinar con sumo cuidado un mineral llamado apatita, y encontraron iones de hidroxilo, una forma de agua que contiene un átomo de oxígeno ligado a un átomo de hidrógeno.
    La presencia del hidroxilo significa que el agua estándar (o sea un átomo de oxígeno y dos de hidrógeno) también se encontraba presente en el magma marciano. No obstante, y debido a que el hidroxilo está más unido a la roca que el agua normal, los iones se quedan atrás cuando el resto del agua sale expulsada de la lava.
    Al respecto, McCubbin afirmó que a partir de la cantidad de hidroxilo de los meteoritos nos es posible saber cuánta agua existe en el interior de Marte. Y explicó que utilizaron la apatita como un densímetro para registrar la cantidad de agua que había en la roca antes de gasificarse. Por ejemplo, y para que la gente se ubique, podemos refrescar nuestra mente recordando que estudios similares de la apatita lunar en al año 2010 dieron por resultado un descubrimiento no menos relevante: que el interior de la luna era cien veces más húmedo de lo que se pensaba.
    No sólo esto; yendo un paso más allá, debemos aclarar que los meteoritos examinados procedían de basaltos muy jóvenes, de entre 150 y 350 millones de años, lo cual nos explica que probablemente todas las grandes erupciones del soñado Marte a lo largo de su historia llevaron agua a la superficie, incluyendo también las erupciones que ocurrieron durante el llamado periodo de Noé, cuando el planeta era tan caliente como para contener agua en estado líquido en la superficie.
    De todas maneras, es posible que otras erupciones más recientes crearan asimismo zonas que fueran temporariamente favorables para la existencia de vida. Sí, aunque suene asombroso estamos hablando hoy de posibilidad de vida en Marte luego de que miles de personas se rieran de una afirmación así durante años afirmando que los autores de Ciencia Ficción eran locos o daban demasiada rienda suelta a su imaginación. La fantasía y la realidad van siempre de la mano, y una necesita de la otra. Francis McCubbin concluyó alegando que: “Esto convierte las regiones volcánicas en las más prometedoras a la hora de buscar vida pasada en Marte”. 
    Como vemos, hoy la novedad da vueltas por todo el mundo y es la noticia del día. Marte vuelve a ser noticia, tal como lo fue en 1938 con la transmisión radial de Orson Welles, o en los años ’50 con la importante oposición astronómica del planeta rojo. Hoy, Marte vuelve a ser el gran actor y está en boca de todos, no solo de los científicos sino en las charlas de café, de la gente de la calle, como debe ser, en los trabajos y los hogares. Los sueños de Edgar Rice Borroughs, H. G. Wells y del gran astrónomo Percival Lowell que soñó con sus canales, hoy se adueñaron de todos los titulares mundiales. Una vez más, los sueños de la Ciencia Ficción se convierten en realidad. •

viernes, 28 de agosto de 2015

Abel Mateo: Un olvidado del policial argentino

La literatura argentina abunda en grandes olvidados que antes o después terminaron desenterrados de la amnesia general. Pero aún no le llegó el turno a Abel Mateo, escritor de novelas policiales que se ubica entre los pioneros de un género hoy en auge, pero que en los años 30 representaba casi un gesto de excentricidad.


Por Gonzalo Santos

Fotos olvidadas. A sus obras editadas, hoy inhallables, se suma una gran cantidad de inéditos, entre los que figuran La novela humana (cinco tomos), un libro de ensayos.
Fotos olvidadas. A sus obras editadas, hoy inhallables, se suma una gran cantidad de inéditos, entre los que figuran La novela humana (cinco tomos), un libro de ensayos. | Foto: Cedoc
Abel Mateo pertenece a esa categoría de escritores a los que el tiempo suele reducir a mero significante: ítem de algún listado. Apenas un nombre entre otros nombres. Los críticos le han puesto una etiqueta, lo han inscripto a una tradición –policial de enigma– y se han ido a ocuparse de la deconstrucción de otras intrascendencias. Su obra, huérfana de tesis, de estudios, carece de aquello que la haría visible al investigador, y su novela Con la guadaña al hombro (1940) ya ni siquiera ocupa ese lugar fundacional en el que la había puesto Donald Yates: otros investigadores han encontrado antecedentes de la novela policial en la década del 30 –El enigma de la calle Arcos (1932) y El crimen de la noche de bodas (1933)–, y luego Román Setton ha ido más lejos: los ha visto en el siglo XIX.
Ya sin ese lugar privilegiado, Mateo fue progresivamente olvidado, como si no hubiese tenido más mérito que ése: el de dar inicio a una tradición.

Para el crítico Jorge Lafforgue, autor junto con Jorge B. Rivera del clásico ensayo Asesinos de papel (1977), si bien “sus empeños no fueron revolucionarios (Borges, Walsh), ni brillantes (Bioy, Pérez Zelaschi, Martini, Piglia, De Santis), su actual borramiento es inmerecido”. Si revisamos diccionarios (de Adolfo Prieto a César Aira), manuales diversos e historias  (en la canónica de Enrique Anderson Imbert, que supo cultivar el género en la misma época que Mateo, apenas aparece su nombre incluido en una enumeración), es ninguneado una y otra vez.
En la página de la Biblioteca Nacional, donde debiera estar su biografía dice: “Es el autor que más ha escrito en la tendencia policiaca”. Eso es todo. Ni siquiera figura la fecha de su deceso, y las obras inéditas que consignan están incompletas. “Eso es algo que copiaron de la solapa de un libro suyo que parece pirateado”, dice Mariano Buscaglia, un amigo e “investigador amateur” –así se define–, que hace poco, y luego de una ardua pesquisa, ha podido dar con uno de los hijos de Abel: Fernán Gonzalo, cuya memoria es tal vez el único dispositivo que almacena alguna información sobre la vida de su padre.

Empecemos, pues, por el comienzo. Abel Mateo y Fernández –ése es su nombre completo– nace en Buenos Aires en 1913 y a los tres años se va a Uruguay, país en el que estudia –Filosofía o Letras: Fernán no está seguro– y en el que permanece por casi 25 años, pese a lo cual “siempre se sintió Argentino”, cuenta su hijo. “De hecho, a los 18 años viene a Buenos Aires sólo para hacer la colimba; luego se vuelve. Era muy nacionalista”.  
A pesar de que no necesitaba trabajar –su padre era un empresario en condiciones de ahorrarle ese flagelo injusto–, en Montevideo tenía una librería, Salamanca, donde se hacían cócteles y se juntaban a hablar de literatura con algunos escritores entre los que estaba Eduardo Mallea e Ignacio Anzoátegui, que era uno de los mejores amigos de él. Tal vez por esa amistad –se sabe que el polémico autor de Vidas de muertos defendió el nazismo–, y quizás por otros rumores, “un día fueron a la librería el canciller uruguayo y el embajador británico”, cuenta Fernán, “y el embajador le dice a papá que había comentarios de que él era proalemán, que quería sacarse la duda, etcétera, y papá le dijo: ‘Bajo ningún punto de vista soy proalemán. Pero sí le puedo decir que soy antibritánico’”. Acto seguido le clausuran la librería y lo meten preso por un tiempo.

A los 27 años, en 1940, y con el seudónimo “Diego Keltiber”, publica su primer libro: Con la guadaña al hombro, con el que abre –Jorge Lafforgue dixit– el período clásico de nuestra narrativa policial. La novela, que fue financiada por él mismo –y cuya tirada, estima Fernán, no superó los mil ejemplares–, pronto empezó a recibir comentarios elogiosos, sobre todo de intelectuales norteamericanos: Anthony Boucher, el conocido editor, la califica de “obra maestra” y la compara con la obra de Ellery Queen; la revista Publishers Weekly la juzga “extraordinaria”, la lee como “un llamado de atención contra el fascismo en Argentina”, y afirma que es “la primera entre las novelas argentinas largas de tipo deductivo”, aseveración que luego hará suya Donald Yates en su libro The Argentine Detective Story (1960).

La novela, hoy inhallable –a pesar de la crítica extranjera, nunca fue reeditada: el “satelismo cultural” del que hablaban algunos contornistas a Mateo nunca llegó–, es un mamotreto de casi quinientas páginas que se inicia con un homicidio: una señora modifica su testamento y, acto seguido, aparece muerta. La sospecha recae, por supuesto, en los nuevos beneficiarios, entre los cuales hay varios políticos. Pero todos van siendo asesinados por un “desconocido” que deja juguetes en la escena del crimen y que en cada capítulo parece ser un personaje diferente. La intriga se complica tanto –y de forma tan brillante– que el final tal vez no logra satisfacer las expectativas, pues, como él mismo escribirá en El asesino cuenta el cuento (1955), “es casi imposible obtener desenlaces brillantes en el género policial, sobre todo cuando las cosas se han complicado mucho”.

Entre los personajes es inevitable destacar a Bernal Cheste –clara alusión a Chesterton–: un detective porteño de gran erudición e ingenio, irónico y reticente, por momentos enigmático, que reaparecerá en obras posteriores, pero que no correrá la misma suerte –en términos de fama– que otros pesquisidores más afortunados, como Don Frutos, Isidro Parodi o el Laborde de Peyrou, entre otros.

Ahora bien, unos años después de esa auspiciosa ópera prima, Abel Mateo consigue el puesto de representante de la editorial Emecé en Uruguay, se casa, y al poco tiempo le ofrecen venir a Buenos Aires como director de ediciones. El acepta y le transfiere la librería a su amigo Adolfo Linardi Montero, quien se asocia luego con Juan Ignacio Risso Suárez (posteriormente, la librería será rebautizada como Linardi y Risso y se convertirá en una de las más prestigiosas librerías anticuarias de Latinoamérica). Ya de este lado del charco, se instala en la localidad de Martínez: entre Paunero y Vieytes.
Entre sus labores como editor, ha estado al frente de la famosa colección Grandes Novelistas, pero “en su primera época”, aclara Fernán, “cuando esa colección aún publicaba buenos autores, como Kafka o Camus. Después se va papá y empiezan a publicar a cualquier autor. Cuando estaba él un best seller ahí no entraba ni por putas”.
De hecho evaluaba el material con tanta rigurosidad que, naturalmente, se hizo de varios enemigos. Silvina Bullrich, por ejemplo, “lo odiaba”, cuenta Fernán. “Una vez llevó un manuscrito a Emecé, pero no se lo publicaron. Fue a hablar primero con Bonifacio del Carril, que era el que puso a papá donde estaba, y luego se encaró con papá: ‘¿Por qué no lo publicó?’, le dijo. ‘Porque está mal escrito’, le respondió papá. El era así”.  

En 1948 publica la que tal vez sea su obra más conocida: Un viejo olor a almendras amargas, una pieza teatral escrita unos años antes, a la que el investigador Román Setton juzga como “una de las mejores obras policiales paródicas de la literatura argentina”. Estrenada en 1954 en el teatro Patagonia por la compañía Teatro del Medio Siglo, esta obra de Mateo logra una síntesis dialéctica en la que concilia su carácter “antibritánico” con su admiración por los policiales ingleses de enigma, y coquetea con algunos pirandellismos metaficcionales y procedimientos humorísticos que configurarán buena parte de su obra posterior. Resumiendo bastante, el texto, que no escatima intertextualidades, se desarrolla en una casona londinense en la que se reúnen los miembros de la Sociedad de Amigos del Crimen –el nombre remite a una obra de Sade– a discutir sobre asuntos policiales. Entre ellos está el autor del drama –lo que, en la terminología de Ducrot, se identificaría como el “locutor”, es decir, aquel que se responsabiliza de la enunciación, en este caso de la obra– que al inicio se presenta como tal ante el público y luego pasa a actuar junto a los demás personajes, quienes, para matar el tedio, deciden “representar una obra criminal”, y le proponen a él que les asigne roles distintos: “El asesino genial”, “el canalla inocente”, “la ingenua sospechosa”, etcétera. Pero la representación se interrumpe, casi antes de empezar, con la entrada de otro personaje y con el posterior homicidio que ocurre ahí dentro; aunque en cierto sentido continúa en otro plano ficcional. Ante la incapacidad del inspector de Scotland Yard y de otros detectives privados que parodian algunos estereotipos de la novela inglesa, el crimen lo termina resolviendo un espectador.

Pero volvamos a la vida de Abel. Además de ser editor en Emecé, tuvo otros trabajos que resultan desconcertantes, como el de asesor en el Consejo Agrario y en la petrolera Astra. “También trabajó con Perez Companc, pero no sé qué hacía… Hablar, seguramente”, opina Fernán, quien recuerda que durante la década del 50 también colaboró con varios medios gráficos como el diario La Nación, la revista El Hogar, PBT (donde tenía las secciones “Filosofismas al contado” y “Del asesinato como recreo intelectual”); y Caras y Caretas, donde hacía reseñas de libros, aunque también llegó a publicar una nouvelle: La casa del grito pelado, que pronto reeditará una pequeña editorial independiente.

Respecto de la publicación de libros, en esa misma década, y más precisamente en 1953, Mateo publica El asesino está en la cárcel con el seudónimo “Ameltax Mayfer” y dos años después El asesino cuenta el cuento: una serie de relatos prologados, como siempre, por “Walter Ego” –otro de sus seudónimos–, en los que abundan las reflexiones sobre el cuento policial, y donde los artificios de la ficción terminan colonizando lentamente a la realidad, imponiéndole sus moldes, algo por cierto similar a lo que ocurre en Reportaje en el infierno (1956), novela de la que Román Viñoly Barreto hizo en 1959 una versión para el cine, que Mateo aborreció –se dice que la adaptación nunca fue autorizada–, a pesar de la amistad que lo unía con el director uruguayo. En este texto, donde reaparece Bernal Cheste, el personaje principal es un periodista de policiales que tiene una revelación luego de la lectura de la Divina Comedia y decide pegarse un tiro en la sien para ingresar al séptimo círculo del infierno y entrevistar a los asesinos más famosos de la historia (aunque la bala le causa apenas una herida y termina en un manicomio: cosas que pasan).

En el mismo año que Reportaje en el infierno también publicó El detective original (El aire y Aldebarán), un libro de relatos que tiene como protagonista a Boanerges Cid, un excéntrico y ultracatólico detective rayano en el dislate, que ha sido, entre otras cosas, “profeta en el Atlas”, “tocólogo en Shanghai”, “contrabandista en Sierra Morena”, “visir en Bagdad”, y que a veces exhibe un humor absurdo que recuerda al de Macedonio Fernández.

Lo último que se editó de él, al menos en libro, fue El bosque y cinco árboles (1960), un volumen de cuentos encuadrados, como todo lo que ha escrito, en la tradición del policial de enigma. Del 60 al ’66, año en que muere luego de una infausta operación, no se registra ninguna publicación. “Lo que pasa es que en ese tiempo estaba preparando y corrigiendo los cinco tomos de La novela humana”, cuenta Fernán. Se trata de un conjunto de ensayos –algunos publicados en su momento en El Hogar– sobre literatura, historia y política. “Para mí es lo mejor que escribió”, afirma su hijo; pero hoy ese material continúa inédito junto a gran parte de su obra. Tal vez, como dice Jorge Lafforgue, sea hora de “hacer una revisión sobre Mateo, o quizá sea mejor decir un estudio, pues no tengo memoria de ningún análisis a su respecto”. 

Obra inédita completa

De acuerdo al recuento que hicimos con Mariano Buscaglia, la obra todavía inédita de Abel Mateo es casi tan voluminosa como su obra publicada. Además de esa monumental serie de ensayos –cinco tomos– llamada La novela humana, y de las galeras repletas de tachaduras y anotaciones de los libros editados –un gran orgasmo para la crítica genética–, en la casa de Fernán Gonzalo hay siete originales más, que él conserva hace ya cincuenta años: La acera de enfrente siempre es la otra (cuentos), El asesino juega el juego (cuentos), La casa del grito pelado (nouvelle), El señor de la barba tupida (humor), Cerezas por hierro viejo (cuentos), Cuando Cupido es tuerto (humor), Agua y juguetes en clave de sol (éste es el único título cuyo manuscrito no aparece), y La alfombra tiene un capricho (humor), a lo que se podría sumar también el libro Con la guadaña al hombro, hoy completamente inhallable, al igual que varias otras piezas imprescindibles del policial argentino. 

El laboratorio de los espejos

Mateo fue un autor que utilizó muchos seudónimos: “Walter Ego”, “Ameltax Mayfer”, “Diego Keltiber”, “Tales de Fulanez”, “Troyan Japrysh” y algunos más. En la década del 40-50 los escritores solían escribir con seudónimo, ya sea porque no querían desprestigiar sus nombres en novelitas apresuradas o por encargo, o por cuestiones editoriales (un apellido anglosajón siempre vendía más). Mateo, sin embargo, tenía una teoría para todo, como se ve en este pasaje del prólogo de El asesino cuenta el cuento: “Estamos de acuerdo en que el hombre tiene varias personalidades, según se mire él, o lo miren sus amigos, su mujer, sus jefes, sus hijos (…). Según es en realidad y según lo juzga Dios. (…). Pero el hombre es proteico de varias maneras. No solamente en la latitud de los otros-nos y en la longitud de la fama, sino también en su capacidad de crear –de segregar, casi mejor dicho– seres a su imagen y semejanza que asumen las responsabilidades de algunas manifestaciones biogénicas de la mente literaria. Es lo que el literato tiene de prodiós. Es su capacidad de dar vida pública a criaturas latentes en la memoria hereditaria –los personajes–, pero es también su facultad de eonizarse en seudónimos y anagramas, que se distinguen unos de otros –cuando son realmente distinguidos– y se diferencian en sus modos de ser y hacer. No se trata de fregolismo ni de cosmética, sino (…) de cariocinesis ontológica. Su sede natural es, por supuesto, el laboratorio de los espejos”.


miércoles, 19 de agosto de 2015

UNA NOVELA ESPAÑOLA DE MARCIANOS



  
Presentamos a continuación esta nota de nuestro colaborador y gran coleccionista Samuel Salomón, cuyo acceso a volúmenes antiguos, extraños y olvidados, le otorgan un papel preponderante como testigo y narrador de la Ciencia Ficción y Fantasía desde hace un siglo a esta parte.
por Samuel Salomón
Recientemente en una librería tuve la casualidad de encontrarme con un viejo libro que es otro gran ejemplo de Ciencia Ficción hispanoamericana. Se trata de UN MUNDO AL DESCUBIERTO (1928) de José María Salaverría, en el que se narra nada menos y ostensiblemente inverso a lo usual, un viaje de Marte a la Tierra, todo dentro de un marco notablemente marcado por el humor.
    UN MUNDO AL DESCUBIERTO  apareció dentro de la colección La Novela de Hoy (N°360, del 5 de abril de 1929) publicada por la Editorial Atlántida, de España, que paralelamente editaba dos colecciones dedicadas una a las magnas obras de la literatura universal y la otra a las de la narrativa española. 
    Cuando me encontré este maravilloso ejemplar de colorida carátula recocijóme fervorosamente ya que escasos son los ejemplos de literatura de anticipación de esa época en nuestro mundo hispanoparlante por comparación con el extranjero. Heme yo referido anteriormente al tópico de las novelas anticipatorios de la década del ’20 en alguna de mis otras grandes notas.
    Esta atípica novelette, tal cual lo he expuesto enfáticamente antes, describe un viaje desde el Planeta Marte a la Tierra. Y aquí vemos cómo nuestro autor expone el juicio que los marcianos se han hecho de los terráqueos, esto desde el punto de vista de una raza superior que descubre a otra muy inferior, todo visto según la perspectiva univisional del joven Fi. Este simpático marciano querrá realizar el viaje pensando en la fascinación de un mundo donde existen posibilidades tan dispares como el azar, el hambre, el amor, el crimen.

  Su autor, don José María Salaverría Ipenza (1873-1940) fue un creador particular: autodidacta, trabajó en toros oficios antes de dediacsre plenamente a  la literatura y al periodismo. Remarquemos que aparte de escribir para diarios de su país como, lo hizo para nuestro país publicando variados artículos en La Nación de Buenos Aires.
    Sin embargo UN MUNDO AL DESCUBIERTO se disfruta como un plato de gourmet, al menos para paladares exigentes y especialmente dotados como el mío. Ya desde el comienzo nos encontramos con una suerte de breve prólogo en el que los supuestos editores marcianos de este libro aclaran que han creído tener la obligación de explicar los sucesos que fueron origen de la influencia cada día mayor que el mundo mentiroso y bárbaro de Zú ha alcanzado en Tá.
    ¿Qué continúa luego de esto? La exposición realizada por el sabio Bi ante la Asamblea Suprema Marciana explicando con detalle cómo ha llegado a conocer el planeta Tierra y desde luego a sus extraños habitantes, y aquí desliza una explicación telescópica: mediante un curioso sistema de espejos capaz de acercar las imágenes cuanto uno desee. 
    Los marcianos, en la novela, llaman a su mundo Tá. Aprendemos que se trata de un planeta con una demografía más bien escasa así como lo son sus recursos naturales. Es por este motivo que los marcianos al contemplar la Tierra –que ellos llaman Zú- quedan fascinados con la enorme cantidad de agua, con la abundante vegetación, los alimentos, y por supuesto con la raza humana. Es gracioso como los muestra el autor confundidos cuando se asombran por la forma en que los terrestres comen, beben e incluso fuman. Y no entienden lo placentero del acto de fumar: sacar humo por un tubo blanco. Con respecto a nuestra forma de andar, los marcianos nos ven como bandadas de insectos que se mueven por simple estímulo animal. Si lo pensamos seriamente, nada equivocado este juicio si ustedes evocan cualquier mañana diaria cuando vamos al trabajo y solo hay andenes, medios de transporte y calles atestadas de gente que lo único que hace es desplazarse de un lado a otro.
    Enorme es su asombro asimismo cuando ven a un hombre que muere de hambre cerca de otros que viven en la riqueza y la abundancia. Esta escena es notable. Los marcianos no pueden entender de ninguna manera que entre los seres humanos existan los celos o el odio, y obviamente se quedan horrorizados cuando ven en un momento a un hombre que mata a otro por una mujer.
    El autor introduce también en su narración a los nanes, que son para los marcianos lo que los perros para nosotros, si bien en una escala cultural y de inteligencia se situarían por encima de los terrestres, ya que nosotros estamos como estaban ellos en la cuarta era, hace ciento ochenta mil años. En lo personal, puedo entender perfectamente esta situación dado mi alto coeficiente. Por todo esto, a lo largo de la novela asistimos principalmente al asombro perpetuo de los marcianos ante la ignominia humana, haciéndonos reflexionar hábilmente sobre características sobre las que no reflexionamos diariamente.
    Existe una idea muy bien analizada sobre la ironía del hombre proclamando buscar la salud y el bienestar y luego matándose en campos de batalla. Ante todo este horror, los Hermanos Superiores se reúnen para decidir si deben reducir a los terrestres a su obediencia o si, al revés, si deben limitarse a no permitir que sus compatriotas planetarios (complanetriotas) viajen a la Tierra, ese planeta terrible, tenebroso y detestable. Unos aducen que todo cuanto falta en Tá sobra en Zú, lo cual les serviría perfectamente, mientras los otros afirman que su contacto significaría la perversión fatal de sus costumbres y su forma de vida.
    Finalmente los marcianos quieren conocer más de nosotros y eligen finalmente enviar a la Tierra un explorador de forma que les suministre información de primera mano y al mismo tiempo tender un puente para la invasión, o sea una misión para la que se presenta voluntario el impetuoso joven Fi, nuestro simpático protagonista.
    Hay una escena divertida e irónica en la que Bi y Fi van al laboratorio del sabio para establecer los preparativos previos al viaje, el joven aquí confiesa a aquél que lo cierto es que le atrae la belleza de la Tierra se siente seducido por ese “estado de imprevisión, de semi ignorancia” en que viven los terrestres. Ese ése el motivo por el que quiere marchar a la Tierra pero también existe lo que falta en Marte: la alegría y el amor. 
    Encontrarme con UN MUNDO AL DESCUBIERTO ha sido todo un hallazgo jubiloso y ya fue a parar a mi ya de por sí vasta colección de volúmenes de Ciencia Ficción, y lo atesoraré con gracia y beneplácito. ♦

lunes, 17 de agosto de 2015

FICCIÓN DE GÉNERO COMO LITERATURA: LA FANTASÍA



Todas las obras del hombre tienen su origen en la fantasía creativa. ¿Qué derecho tenemos entonces de despreciar la imaginación?
Carl Jung

La fantasía pose la herencia más rica y larga de todas las formas que hay entre la ficción de géneros. De hecho, la fantasía bien podría ser la progenitora de la cual provienen los demás géneros. La costumbre que tiene la fantasía de tomar situaciones de la vida real y personajes y meterlos en un mundo donde lo inesperado (y lo inexplicable) sucede, ha tenido su eco en los lectores desde los primeros tiempos. 
Las primeras obras literarias de las que se guarda registro en la historia, eran de fantasía: la Epica de Gilgamesh, La Odisea de Homero, El libro de las mil y una noches (que presentaba las primeras andanzas de Silbad y de Aladino) y tantos otros incontables que fueron los prototipos sobre los cuales la literatura moderna se formó. 
Muchas de las obras de ficción popular y literaria más perdurables se encuadran dentro del marco de la fantasía, tales como La Muerte de Arturo de Sir Thomas Mallory, El Libro de la Selva de Rudyard Kipling y Ivanhoe de Sir Walter Scott.
A pesar de esto, la fantasía hoy retiene una imagen de inconsistencia literaria. Es tan probable que los profesores de inglés amontonen las novelas de fantasía junto a las de amor así como que las tomen en serio. 
La fantasía particularmente es notoria como la única forma de literatura que en consecuencia borra los límites entre la ficción adulta y la ficción infantil.  
Los libros de Lewis Carroll  Alice en el País de las Maravillas y Alicia a Través del Espejo, por ejemplo, desafían cualquier descripción desde que fueron publicados por primera vez hace casi 100 años. Estos libros fueron escritos incuestionablemente para una niña –la Alicia original, que era la hija de un amigo de Carroll- pero apuesto que son tan leídos igualmente por adultos que buscan una vía de escape a una época de más sencillez. 
Los libros escritos por Theodor Seuss Geisel bajo el seudónimo "Dr. Seuss", discutidamente los libros infantiles más populares de todos los tiempos,  pueden ser descritos únicamente y nada más que como fantasía. Sus mundos salvajes y coloridos, habitados por criaturas salvajes y coloridas, son el escenario de cuentos que poseen mérito tanto por su inventiva como por sus valores emocionales reales y sociales que exponen.  
Un ejemplo más moderno es el de J. K. Rowling con la serie de Harry Potter que –aclamada literariamente o no– causó algo así como una revolución en el mundo editorial. Mientras que están dirigidos también a un mercado juvenil/joven-adulto, se convirtieron en un modelo que marca “tendencias” leídos tanto por mundanos como por gente que le gusta todo lo que está de moda, de todas las edades. 
Últimamente, la fantasía viene gozando de una elevada popularidad, si no en aceptación en círculos literarios. 
La razón principal de esta popularidad es el inesperado éxito popular y de crítica de la serie de films El Señor de los Anillos, basado en las novelas de J. R. R. Tolkien. En una época las obras de Tolkien eran exclusivamente territorio de "tragas" y “freaks” y otros fans de la fantasía igualmente prototípicos, pero la inmensa popularidad de las películas convirtió a la obra en algo socialmente aceptable y que peretenece a la fantasía, por primera vez en la era moderna. 
La venta de novelas de fantasía se beneficiaron mucho con este cambio social, con las novelas originales de El Señor de los Anillos, la serie de Harry Potter y un sinnúmero de otros favoritos de la fantasía que se volvieron toda una fuerza en las listas de best-sellers. 
Incluso más recientemente, una obra de fantasía histórica (una forma híbrida de ficción que puede darse el lujo de agrupar fans especialmente dedicados), El Código Da Vinci, de Dan Brown, capturó la imaginación de todo el mundo. La novela, en Abril de 2005, estaba en la cima de la lista de más vendidos en tapa dura del The New York Times. Con la versión en tapas duras vendiendo tan bien, todavía no largaron al mercado la edición barata en tapas blandas. 
Es claro que la fantasía no está mostrando signos de disminuir en popularidad, aún cuando la elite literaria siempre tarde en acercarse a ella. ♦

jueves, 13 de agosto de 2015

CARLOS GARDINI: UN ORFEBRE DE LA LITERATURA FANTÁSTICA Y DE CIENCIA FICCIÓN


Carlos Gardini nació en Buenos Aires, el 26 de agosto de 1948 y es al día de hoy uno de los más importantes escritores fantásticos y de Ciencia Ficción de nuestro país. Hecho que además se correlaciona con su también brillante labor como traductor.
    Gardini cursó sus estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. En realidad su pasión por las letras se remonta a su temprana juventud, pues comenzó a escribir ya a los dieciséis años. Sin embargo su carrera literaria comenzaría recién en 1982, cuando su cuento de CF Primera Línea ganó el premio del Círculo de lectores. Y vale aclarar que entre los miembros del jurado estaban Jorge Luis Borges y José Donoso. Durante 1981 y 1982 escribió crítica literaria en la revista EL PÉNDULO, donde también realizó varias traducciones excelentes y comenzó a publicar algunos cuentos, que se dividían parejamente entre el terror, la fantasía y una CF sofisticada.
    En 1986 recibió un galardón de gran prestigio, ya que la Universidad de Iowa le otorgó el título de Honorary Fellow In Writing y recibió la beca Fulbright para escritores. Más tarde, en 1987, participó como jurado en el concurso de cuentos Jorge Luis Borges, patrocinado por la Fundación Konex y el Fondo Nacional de las Artes.
    Hemos dicho previamente que además de su trabajo como escritor es un reconocido traductor, una profesión que realiza desde hace años. Gardini ha llevado a cabo traducciones para la Colección Nebulae, Ediciones B y Ediciones Gigamesh, entre otra y ha traducido del inglés a muchos de los autores más importantes de esa lengua, clásicos y modernos, tales como Henry James, Robert Graves, Cordwainer Smith, Isaac Asimov, J. G. Ballard, Charles Dickens, James Ellroy, Rachel Ingalls, Henry James, R. D. Laing, D. H. Lawrence, Ursula K. Le Guin, Tim O´Brien, Catherine Anne Porter, Dan Simmons, John Steinbeck, Gore Vidal y hasta una versión completa de los sonetos de William Shakespeare donde también aportó un prólogo y notas.
    La obra de Carlos Gardini como escritor es amplia. Curiosamente ha ingresado al género fantástico tardíamente en comparación con la mayoría de otros autores. Sin embargo pronto se vio todo su potencial y su fuerza narrativa. Con el paso de los años, su producción se fue tornando cada vez más madura y elaborada, e incluso fue abordando tópicos de la CF más clásica con una calidad estilística notable, lo que lo ha llevado al sitio de jerarquía que ocupa hoy. Parte de toda esta obra ha sido traducida a otros idiomas como el inglés, francés, japonés e italiano. Entre sus cuentos más logrados podemos citar a Cesarán las lluvias, Fuerza de ocupación, Hawksville, Primera línea o Fases. 
    
Bibliografía
Libros
Mi cerebro animal (cuentos). 1983.
Primera línea (cuentos). 1983.
Sinfonía cero (cuentos). 1984.
Juegos malabares (novela). 1984.
Cuentos de Vendavalia (cuentos infantiles). 1988.
El Libro de la Tierra Negra (novela). 1991.
Los ojos de un Dios en celo (novela). 1996.
El Libro de las Voces (novela). 2001.
El Libro de la Tribu (novela). 2001.
Vórtice (novela). 2002.
Fábulas invernales (novela). 2004.
La Ciudad del los Césares (cuentos). 2013.
Premios
Primer Premio del Círculo de Lectores por Primera línea, 1982.
Premio Konex - Diploma al Mérito, 1984.
Mención especial "Concurso Fantasía y Ciencia ficción", Ultramar/El Péndulo, 1987.
Premio Axxón por El Libro de la Tierra Negra, 1991.
Premio Más Allá por El Libro de la Tierra Negra, 1992.
Segunda mención "Premio Fundación Fortabat", género cuento, 1992.
Premio Konex - Diploma al Mérito, 1994.
Premio UPC por Los ojos de un Dios en celo, 1996.
Premio Ignotus por Timbuctú, 1998.
Premio UPC por El Libro de las Voces, 2001.
Premio Minotauro, mejor novela, 2004.
Premio UPC por Belcebú en llamas, 2007.